sábado, 26 de mayo de 2018

Inversión


 Los políticos y empresarios más importantes de la ciudad debatieron durante días sobre si el magnate Alfonso Pieragostini, oriundo de la ciudad capital, debía o no convertirse en el principal inversor del proyecto del gran hotel municipal. La desconfianza de los opositores a la idea radicaba en las incontables sospechas de corrupción que acumulaba el empresario pero, finalmente, la mayoría optó por darle el visto bueno.
 Dos años más tarde, durante el evento de inauguración del Hotel Palace, las personas congregadas esperaban el discurso de Pieragostini pero nadie sabía dónde se encontraba. Una empleada de servicio fue mandada a revisar el cuarto donde se alojaba el hombre, pero este no respondió a la puerta. El pánico de la mujer y de los demás afloró cuando lo encontraron colgado en el baño, con un cartel pegado a su camisa que rezaba: “Mi regalo para todos ustedes”.

jueves, 10 de mayo de 2018

El día en que se pinchó la diversión


 Aquel día era igual a todos: la maestra hablaba y hablaba y como la atención nunca fue uno de mis fuertes, me centré en una compañerita nueva para convertirla en el objeto de mis travesuras. Ella se levantó al pizarrón a escribir no sé qué cosa por pedido de la señorita, así que yo aproveché para ponerle un alfiler en el asiento. El grito que pegó fue épico, pero nadie salió en mi defensa cuando fui el único acusado.
 Me llevaron a la dirección, por supuesto. Don Cosme Mártinez, el viejo puto que manejaba la escuela, me miró con odio y me hizo una sola pregunta: “Pero, ¡¿cómo se le ocurrió lastimar a mi nieta?!

domingo, 31 de diciembre de 2017

Profecía



 Inspirado en una leyenda ancestral, un pueblo devastado por una larga sequía se dirigó a una montaña cuyo nombre indígena significaba “rocío”. El propósito de las personas era conseguir una abundante lluvia como la que debía caer cada cien años, según las profecías.
 Todos, desde niños hasta ancianos, se congregaron en la cima y el líder de la comunidad pronunció unas palabras de petición. Después de diez minutos de larga espera, el cielo se nubló y los truenos estremecieron a toda la región. De las alturas cayeron miles de billetes de cien dólares.

domingo, 3 de diciembre de 2017

N/N



 Nadie en el pueblo de San Filipo conocía al joven Andrés Martínez Rivero, que acababa de llegar para instalarse allí. De gran altura, aspecto tímido y bonachón, se fue ganando la confianza de los sanfilipenses gracias a la cordialidad de la que hacía gala cuando se cruzaba a alguien por las polvorientas calles.
 Martínez Rivero no tenía familiares cerca del pueblo ni historias demasiado interesantes para contar, pero la gente llegó a considerarlo uno más al cabo de tres meses, cuando cumplió 86 días como empleado en el Aserradero Viamonte.
 Cierto día, durante las fiestas patronales, casi todo San Filipo acompañó a la procesión que encabezó el obispo y luego se dedicó a festejar en la plaza central con costillar, lechón y vino autóctono, solo para volver a sus casas y notar que estaban vacías. Nadie supo jamás quién era ni a dónde fue a parar Andrés Martínez Rivero.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Estado cítrico


 Nadie podía explicar cómo el camión de Felipe había volcado y quedado a un costado de la ruta. Al menos la mitad de los limones que transportaba descansaban en el suelo y los pobladores de la zona decidieron ayudar. La gente tranquilizó al camionero que, luego de reflexionar, decidió que lo mejor era ir hasta el teléfono público más cercano, que quedaba a menos de dos kilómetros.
 Con la promesa de las personas de vigilar su vehículo, Felipe llegó a la cabina de emergencias y pidió ayuda para luego volver a pie hasta el sitio del accidente, pero allí ya no había camión, limones ni gente.