jueves, 10 de mayo de 2018

El día en que se pinchó la diversión


 Aquel día era igual a todos: la maestra hablaba y hablaba y como la atención nunca fue uno de mis fuertes, me centré en una compañerita nueva para convertirla en el objeto de mis travesuras. Ella se levantó al pizarrón a escribir no sé qué cosa por pedido de la señorita, así que yo aproveché para ponerle un alfiler en el asiento. El grito que pegó fue épico, pero nadie salió en mi defensa cuando fui el único acusado.
 Me llevaron a la dirección, por supuesto. Don Cosme Mártinez, el viejo puto que manejaba la escuela, me miró con odio y me hizo una sola pregunta: “Pero, ¡¿cómo se le ocurrió lastimar a mi nieta?!

domingo, 31 de diciembre de 2017

Profecía



 Inspirado en una leyenda ancestral, un pueblo devastado por una larga sequía se dirigó a una montaña cuyo nombre indígena significaba “rocío”. El propósito de las personas era conseguir una abundante lluvia como la que debía caer cada cien años, según las profecías.
 Todos, desde niños hasta ancianos, se congregaron en la cima y el líder de la comunidad pronunció unas palabras de petición. Después de diez minutos de larga espera, el cielo se nubló y los truenos estremecieron a toda la región. De las alturas cayeron miles de billetes de cien dólares.

domingo, 3 de diciembre de 2017

N/N



 Nadie en el pueblo de San Filipo conocía al joven Andrés Martínez Rivero, que acababa de llegar para instalarse allí. De gran altura, aspecto tímido y bonachón, se fue ganando la confianza de los sanfilipenses gracias a la cordialidad de la que hacía gala cuando se cruzaba a alguien por las polvorientas calles.
 Martínez Rivero no tenía familiares cerca del pueblo ni historias demasiado interesantes para contar, pero la gente llegó a considerarlo uno más al cabo de tres meses, cuando cumplió 86 días como empleado en el Aserradero Viamonte.
 Cierto día, durante las fiestas patronales, casi todo San Filipo acompañó a la procesión que encabezó el obispo y luego se dedicó a festejar en la plaza central con costillar, lechón y vino autóctono, solo para volver a sus casas y notar que estaban vacías. Nadie supo jamás quién era ni a dónde fue a parar Andrés Martínez Rivero.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Estado cítrico


 Nadie podía explicar cómo el camión de Felipe había volcado y quedado a un costado de la ruta. Al menos la mitad de los limones que transportaba descansaban en el suelo y los pobladores de la zona decidieron ayudar. La gente tranquilizó al camionero que, luego de reflexionar, decidió que lo mejor era ir hasta el teléfono público más cercano, que quedaba a menos de dos kilómetros.
 Con la promesa de las personas de vigilar su vehículo, Felipe llegó a la cabina de emergencias y pidió ayuda para luego volver a pie hasta el sitio del accidente, pero allí ya no había camión, limones ni gente.

sábado, 21 de octubre de 2017

Es Santiago


 Existe un lugar en el mundo, cerca de donde este termina, a donde va a parar todo lo que se dice sin pensar o pensando mal. Es un sitio gris y pestilente que se ve colapsado por la monotonía. ¿Cómo es, ante los ojos de cualquier mortal, ese lugar? Se aprecia como una montaña de mierda huérfana, porque nadie quiere hacerse cargo de ella, ni legal ni socialmente.