domingo, 3 de diciembre de 2017

N/N



 Nadie en el pueblo de San Filipo conocía al joven Andrés Martínez Rivero, que acababa de llegar para instalarse allí. De gran altura, aspecto tímido y bonachón, se fue ganando la confianza de los sanfilipenses gracias a la cordialidad de la que hacía gala cuando se cruzaba a alguien por las polvorientas calles.
 Martínez Rivero no tenía familiares cerca del pueblo ni historias demasiado interesantes para contar, pero la gente llegó a considerarlo uno más al cabo de tres meses, cuando cumplió 86 días como empleado en el Aserradero Viamonte.
 Cierto día, durante las fiestas patronales, casi todo San Filipo acompañó a la procesión que encabezó el obispo y luego se dedicó a festejar en la plaza central con costillar, lechón y vino autóctono, solo para volver a sus casas y notar que estaban vacías. Nadie supo jamás quién era ni a dónde fue a parar Andrés Martínez Rivero.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Estado cítrico


 Nadie podía explicar cómo el camión de Felipe había volcado y quedado a un costado de la ruta. Al menos la mitad de los limones que transportaba descansaban en el suelo y los pobladores de la zona decidieron ayudar. La gente tranquilizó al camionero que, luego de reflexionar, decidió que lo mejor era ir hasta el teléfono público más cercano, que quedaba a menos de dos kilómetros.
 Con la promesa de las personas de vigilar su vehículo, Felipe llegó a la cabina de emergencias y pidió ayuda para luego volver a pie hasta el sitio del accidente, pero allí ya no había camión, limones ni gente.

sábado, 21 de octubre de 2017

Es Santiago


 Existe un lugar en el mundo, cerca de donde este termina, a donde va a parar todo lo que se dice sin pensar o pensando mal. Es un sitio gris y pestilente que se ve colapsado por la monotonía. ¿Cómo es, ante los ojos de cualquier mortal, ese lugar? Se aprecia como una montaña de mierda huérfana, porque nadie quiere hacerse cargo de ella, ni legal ni socialmente.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Carta imaginaria sobre un revólver descargado

 ¡Protesto contra usted, Juan Alberto! Protesto contra todo lo que su humanidad representa. Si lo analiza detenidamente, entenderá el porqué de este alocado suceso de situaciones desafortunadas y sabrá que lo que ahora le toca vivir, es poco.
 Después de tanto tiempo difamando a la gente y creyéndose intocable e inmune, ya no encuentra otro refugio que un arrepentimiento berreta y tan poco creíble como lo es su moral. Usted mismo provocó esto.
 Quiero asegurarme de que conoce bien el breve pero tortuoso futuro que le depara, de ahora en más. Este gatillo puede herirlo, desesperarlo y hacerlo llorar; también puede condenarlo al mismo infierno al que pertenece. Es una lástima que el revólver no exista y que estas líneas no sean jamás escritas pero, créame que, ni bien estas paredes blancas se esfumen, sus peores pesadillas se harán realidad.


lunes, 17 de julio de 2017

Adictos sin causa

 ¿Tus amigos son esos delincuentes que están tirados allá? No digas más pavadas… miralos bien porque así habrías terminado vos si yo no me hubiera preocupado. Zánganos, drogadictos de mierda… manga de adictos perdidos.
 No te hace bien juntarte con esa gente, tienen mala fama y malos hábitos. Tenés que relacionarte con personas de cultura y buena familia, ya que vas a aprender de sus modos con solo charlar con ellos. Una vez que vos salgas de esto, volvé para ayudarme a escapar a mí.